Esta pequeña denominación de origen, no muy reconocida (su
prima Ribera del Duero le hace mucha sombra), reúne muchos y muy variados
méritos como para hacer un parón y fijarse en ella.
La D.O. Arlanza discurre desde la provincia de Burgos hasta una parte de Palencia y Valladolid, blindada por el rio Arlanza y Pisuerga;

con
un entorno cultural y paisajístico maravilloso: Lerma, Santo Domingo de Silos,
el desfiladero de Yecla, sierra de Covarrubias….
La tradición vitivinícola de la zona se remonta al siglo X,
donde los monjes eran los principales viticultores. Con la llegada de la
filoxera casi en su totalidad las viñas fueron arrancadas, se reestructuraron
de nuevo, pero en los años 50 la comarca sufrió una despoblación tal que las
viñas nuevamente dejaron de tener importancia.
Y es ahí donde veo el mérito de esta denominación, no han
cesado en su empeño hasta conseguir ser reconocidos como una zona vitivinícola
de calidad, joven pero de calidad, donde van poco a poco pero con paso firme.
Y en medio de ese desierto, fue donde encontré mi oasis,
Bodegas Buezo.
Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, lo normal dentro
de la denominación sería encontrarse con modestas bodegas, pero me encontré con
esta, tan espectacular en sus viñas, infraestructuras, buen gusto… que solo
pude decir: “de mayor yo quiero una bodega así”.
En la bodega nos recibieron Ruth y Fernando, sus enólogos.
La bodega está diseñada a diferentes alturas, pues toda la elaboración se
realiza por gravedad con ayuda de un puente- grua.
Pero no solo cuentan con la bodega, las instalaciones
también están dotadas de una tremenda sala de exposiciones acristalada toda
ella, en su cuarta altura, con biblioteca y un salón para eventos con vista
aérea a la nave de barricas dotado con una cocina espectacular, de la que
pudimos dar cuenta.
Probamos varias de sus referencias Buezo Tempranillo 2004,
Buezo Tempranillo- Petit V 2004., Buezo Varietales 2004 (Tempranillo, Merlot y
Cabernet), cada uno con sus peculariedades, pero todos tenían una misma base:
especiada, fruta negra, mineral incluso terrosa, y una boca potente, que no se
desentona con su nariz, sin encontrar suavidad, pero si un vino que marca su paso por boca.
Todos estos vinos los disfrutamos junto con una
elaboradísima comida:
Lazo de hojaldre con cordero desmigado acompañado por un crujiente de morcilla y caramelo.
Bacalao confitado con tres pimientos de su propia huerta y
pimienta rosa.
Tartar de solomillo de buey con aceite y hojas de estragónRissoto con setas
La sorpresa llegó al final, cuando Ruth tímidamente le
consulta a Fernando si probar el vino blanco. ¿Blanco? Elaboran un vino blanco,
experimental podríamos decir, 400 litros, de Chardonnay, Sauvignon Blanc y
Semillon Blanc fermentado en barrica. Un vino amable, con recuerdos a fruta
blanca, miel, pan tostado y una boca envolvente, fresca que hace salivar.
Mi sensación general ha sido muy buena, quizás esta
denominación aún no es madura del todo, pero desde luego creo que hay que
tender una mano, ayudar a su evolución y disfrutar con las bondades que nos
ofrecen y ofrecerán.
Esmeralda García García
Esmeralda García García



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